Cómo se vive el deporte: distintos continentes, distintos modelos

Autora: María Florencia Fernández Caruso (MBA Deporte Universidade de Vigo)

El deporte siempre ha sido -aunque hoy en día aún con más fuerza- una actividad muy importante en cualquier país. Es muchísima la cantidad de gente que involucra, y ni hablar de la inversión e ingresos que significa. La organización del deporte profesional es, a veces, la clave para explotar mejor estos recursos. Las potencias de Estados Unidos y Europa son dos polos opuestos en sus modelos organizativos.

Por un lado, tenemos el modelo de franquicias o también conocido como el sistema de ligas cerradas americana. La palabra franquicia se suele asociar a un concepto económico, por lo que verla desde un punto de vista deportivo puede ser algo confuso. En 1946 un grupo de empresarios decidieron crear dicho modelo en el baloncesto, que luego trascendería a los demás deportes.

El modelo de franquicias se trata de un grupo de inversores que adquieren un equipo de una ciudad. Desde la selección en el Draft anual[1], con el objetivo de hacer un reparto equitativo, los equipos de peor ubicación en la liga regular son los primeros en elegir a los mejores jugadores universitarios. Este modelo también implica que todos los jugadores comiencen la temporada con un mismo salario, además de la negociación conjunta de los derechos de retransmisión y la redistribución de ingresos. Todo esto con el objetivo de garantizar un equilibrio en la competición y un cambio, dentro de todo, en los equipos ganadores.

Por otro lado, se encuentra el sistema de promoción de campeonatos o ligas abiertas, como es el caso de Europa y Sudamérica. Este modelo de organización se basa en el ascenso y descenso de los equipos[2], rigiéndose con el sistema de transferencias obligatorias. Los equipos con peor desempeño descienden a una categoría inferior, mientras que los mejores ascienden a una categoría superior. Casi siempre se respeta el mismo número de descendidos que ascendidos, para mantener el tamaño del campeonato.

Respecto a los jugadores, el modelo de ligas abiertas permite la contratación y fichaje de cada jugador de acuerdo a la situación económica del club, teniendo el beneficio siempre de poder ascender -o incluso descender- a uno formado en la cantera del club y dándole mayor experiencia.

Las diferencias son claras entre un modelo y el otro, así como también su forma de organización y objetivos que persiguen. Las ligas americanas buscan la rentabilidad económica con una visión pura y dura de una empresa. En cambio, en Europa se busca tener buenos resultados deportivos y profesionalizar a los deportistas. A simple vista se pueden diferenciar dos industrias: entretenimiento según el régimen americano y la pasión por competir en el modelo europeo.

El sistema americano responde a un modelo de negocio; se ofrece un producto y se busca venderlo. Si nos centramos en el ámbito deportivo, la característica esencial de las franquicias es la estabilidad de los equipos, no existe la motivación de mantener la categoría ni el nerviosismo de descender, sino de superar resultados. El atractivo de este modelo no es la pelea por el campeonato y por cuidar la categoría, sino superarse constantemente para que sus resultados no sean quienes lo perjudiquen e impacten económicamente. Su principal objetivo es brindar un entretenimiento para los aficionados y, por lo tanto, ser rentable para sus inversores. Es una relación de win-win.

Cabe mencionar la relación que el deporte tiene con la vida estudiantil. Las competiciones se hacen a la par de una carrera universitaria y después de haber culminado los estudios, pueden ser elegidos en el Draft anual. Existen excepciones, pero sin duda es un aspecto envidiable en el que la excelencia deportiva va acompañado de un buen estudio.

A veces por pensar en fútbol nos olvidamos que, si no se les inyectan nuevos atractivos a otros deportes, estos pierden el interés de la gente. Las cuatro grandes ligas profesionales de EE.UU. (MLB, NBA, NHL y NFL) tienen un gran atractivo en el público, y esto sucede entre otros factores por el timing de los eventos. La estacionalidad es tan importante como su organización, ya que se intenta que las competiciones no coincidan para obtener mejores beneficios en derecho de transmisión y para captar la total atención del aficionado. En cambio, en Europa ocurre que a veces uno debe optar por  más de un deporte. Igualmente, sin duda, las competiciones europeas de fútbol (Liga de Campeones de la UEFA, Premier League, Copa del Rey, etc.), no se igualan con ningún otro campeonato en las emociones que despierta al aficionado.

Ambos modelos son criticables, pero si se quiere pensar a futuro el modelo americano es un buen ejemplo organizativo, donde la atención se centra en el usuario que es quién decide consumir o no un deporte. Una recomendación sería una distribución homogénea del talento deportivo, para así mantener esa incertidumbre sobre el resultado que tanto se habla. Además, la aplicación de restricciones en el mercado laboral y una mejora en la distribución de ingresos, para que todos los equipos tengan igualdad de condiciones y sean competitivos. Pero aquí entraría la interrogante, ¿qué es más importante una liga competitiva o que los mejores equipos sean los ganadores?

 

[1]NFL (2016). How the Draft Works | NFL. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=Q9TwotB878w [3 de Diciembre 2018]

[2]20Minutos.es (2018). Ascensos y descensos en el fútbol en España: cómo funciona. 20minutos. Disponible en: https://www.20minutos.es/deportes/noticia/ascensos-descensos-futbol-espana-3333305/0/ [3 de Diciembre 2018]

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DEPORTE FEDERADO: QUO VADIS?

Autor: Patricio Sánchez (SETrg & GEN)

logodeportesPocos sectores como el deporte han experimentado un crecimiento y diversificación semejante a lo largo de las dos últimas décadas.  La generalización de la práctica deportiva y la socialización de sus actividades han hecho del fenómeno deportivo una auténtica industria con un futuro prometedor.

Este imparable dinamismo de todas la dimensiones deportivas acarrea inevitables consecuencias que hacen que algunos de los pilares sobre los que se sustentaba el deporte se encuentran hoy en día en entredicho.  Es este el caso del conocido como deporte federado que se basa en la existencia de un ente regulador, organizador y promotor (las federaciones deportivas).  Hasta hace poco tiempo era impensable realizar alguna actividad deportiva considerada “de nivel” sino era bajo el auspicio federativo.  En muy poco tiempo, la realidad ha evidenciado situaciones bien diferentes, sobre todo en lo referente al deporte popular y de aficionados donde proliferan, cada vez más, eventos deportivos que se desmarcan del control federativo.

En nuestro entorno, las autoridades públicas han sido conscientes de esta circunstancias y así, por ejemplo, la nueva ley del deporte de Galicia contempla de manera explicita esta circunstancia al hablar de eventos deportivos “aquellas actividades deportivas organizadas al margen de las federaciones deportivas y del resto de organizadores de competiciones oficiales”.  Las empresas de servicios y de ocio amplían su oferta de actividades y en ellas es muy frecuente que el deporte juegue un papel fundamental.  Todo esto lleva a que el público destinatario sea cada vez más exigente y el propio mercado, mediante un perfecto mecanismo darwiniano de selección, se encarga de evidenciar las actividades deportivas de interés y las que no.

Llegados a este punto, cabe preguntarse cuál debe ser el papel de las federaciones deportivas en este escenario. ¿Cuál es el futuro inmediato que les espera? ¿Cómo deben responder a las demandas de esos usuarios deportivos cada vez más exigentes? ¿En qué posición las va a dejar el mercado?

Pues bien, como firme defensor del papel que las federaciones deben jugar en la organización institucional del deporte creo importante señalar una serie de aspectos imprescindibles para la modernización y adaptación a estas nuevas reglas del mercado.  De su cumplimiento (o no) dependerá su propia continuidad y existencia, concretándose en los tres requisitos siguientes:

  • excelencia técnica
  • diversificación del mercado
  • autonomía económica

A la hora de “competir” en la nueva realidad deportiva, el principal potencial que pueden exhibir las federaciones es ser los mejores en todo aquello que tenga que ver con la práctica deportiva.  Esa debe ser su principal fortaleza y para ello el punto de partida debe ser un refuerzo de actividad formativa para constituirse en el principal referente para el aprendizaje e instrucción de cualquier modalidad deportiva. La investigación e innovación (como en cualquier sector empresarial) debe estar presente de manera muy notable y esto debe verse completado con un aprovechamiento inteligente del know-how adquirido a lo largos de los años de la existencia federativa. En este sentido cabe señalar que la principal herramienta con la que cuentan son los eventos deportivos (a cualquier nivel) y que, por tanto, deben contemplarse y concebirse como herramientas empresariales (y no solo como una obligación deportiva).Otras estructuras federativas con tradición y prestigio tales como los comités arbitrales, las comisiones de dopaje o las escuelas de entrenadores tienen que ser imbricadas en esta nueva concepción aprovechando las oportunidades que le puedan suponer.

El segundo requisito a señalar pone de manifiesto la necesidad de salir o moverse de la cómoda posición conformista que resultaba válida hasta hace no mucho tiempo. Como se señaló con anterioridad, las demandas del mercado se diversifican cada vez más al tiempo que se hacen más complejas.  Esto precisa ser capaz de dar respuesta a estas necesidades con una oferta complementaria que incluya, cuando lo sea preciso, servicios más allá de la práctica deportiva: salud, ocio, recreación, formación, etc.  Y esta diversificación también debe darse dentro la propia oferta deportiva considerada más tradicional.  No se está hablando aquí de nada extraño y tenemos ejemplos cercanos que son buena muestra de lo aquí comentado.  Es este el caso de la segmentación de la licencia deportiva a las necesidades del mercado.  Hoy por hoy la tradicional licencia deportiva de una temporada no resulta válida para muchos demandantes de actividad deportiva y, por ello, es preciso hablar productos del estilo de licencia de día o licencias internacionales.

Finalmente, pero no por ello menos importante, toda esta nueva concepción debe verse reflejada en la salud financiera del ente federativo.  Sin lugar a dudas, el soporte económico por parte de los poderes públicos se verá reducido y las federaciones deben buscar recursos más allá de las arcas municipales, autonómicas o estatales.  El objetivo económico de la autofinanciación no debe ser contemplado como una quimera y los ingresos deben provenir mayoritariamente de sus actividades propias o de la generación de ingresos atípicos. La subvención pública tiene que pasar a ser algo complementario o residual en términos de financiación y para ello nuevamente aquí es necesario contemplar la vertiente económica y empresarial del deporte.  En esta línea, como apunta Javier Sobrino, resulta imprescindible incorporar criterios financieros a la gestión del día a día y establecer procesos de planificación estratégica a nivel federativo.

Ésta es la realidad presente y futura del entramado del deporte federado (y no federado), nos guste o no.  En la medida que nos apuremos a ser conscientes del mismo, a conocer sus necesidades, a aprovechar sus ventajas y a reducir sus inconvenientes, estaremos en mejores condiciones de hacer frente a los apasionantes retos que le aguardan.  Está en la mano de las federaciones deportivas su futuro y, por tanto, a ellas les corresponde guiar su destino y el todos aquéllos que, como yo, creen que el importante rol que pueden jugar.