Una reflexión más sobre la Agenda 2020 y los JJOO

Autor: Cristina Alonso Teixeira (MBA Deporte Universidade de Vigo)

Las dimensiones que actualmente han tomado los JJOO, en todas las direcciones, hace que sea necesario profundizar en variables diversas del panorama social, político y económico que se interrelacionan con lo estrictamente deportivo de este evento. Para desarrollar de forma breve y ordenada el razonamiento voy a estructurar este comentario por partes: introducción, austeridad, subsedes, modalidades deportivas y conclusión.

Las empresas deportivas necesitan de otras empresas para producir su producto u output, ya que es un bien peculiar. El potencial del producto deportivo (en este caso los JJOO) es infinito, incluso para las empresas anexas que se benefician de él. Esto lo sabe el COI y lo utiliza para beneficiar sus intereses. En la actualidad son pocas las organizaciones que tienen el poder de llevar su producto de un lugar a otro. El Comité Olímpico Internacional tiene el monopolio de los JJOO que generan millones de beneficios de forma directa e indirecta, además de ello posee la potestad de elegir la ubicación donde se va desarrollar el evento deportivo. Esto, sin duda alguna, le confiere un poder que ninguna otra empresa deportiva posee.

Teniendo en cuenta el artículo sobre el que nos basamos y la Agenda 2020 podemos pensar que la candidatura de una futurible ciudad olímpica vendrá financiada por el sector público (principal promotor de deporte e general) más la aportación del COI. Actualmente es indudable que la moderación económica debe primar en cualquier contexto y más en aquellos en los que no repercute directamente en el producto final. Es decir, una candidatura fallida a los JJOO no puede costar millones, porque ni tienes el producto asegurado ni la vas a recuperar, por lo menos a corto plazo. Esto le sucedió a Madrid en las últimas dos candidaturas a las que se presentó, donde se invirtieron a fondo perdido más de 25 millones de €. La capital española en las últimas dos candidaturas no salió elegida y permitirme decir que coincido plenamente con el artículo que nos atañe. El motivo de la desestimación de la candidatura fue la austeridad planteada por los españoles frente a la “exoticidad” de Japón. Sabiendo que lo que inclino la balanza fue el derroche y la pompa de los japoneses ¿os creéis que la austeridad es un objetivo para el COI?

Por otro lado está la problemática de la visión (licita o no) de los JJOO como un negocio cuando en la idea original de Pierre de Coubertin ni siquiera aparecía esa connotación. Yo me pregunto ¿hasta qué punto deben ser los JJOO un negocio? Rentabilidad si pero, ¿a qué precio? Al de dejar a personas sin hogar, el de hacer nuevas villas, estadios, circuitos… cuando hay un alto porcentaje de gente en el país por debajo del umbral de la pobreza. Sí señores/as, esto está sucediendo y el ejemplo más reciente son los juegos de Brasil. Ahora se plantean como objetivo la austeridad tanto en las candidaturas como en el propio evento, un poco irreal ¿no?

Otra de las cuestiones planteadas en la Agenda 2020 y reflejada en el artículo es la posibilidad de establecer subsedes en otros países. La idea de diversificar el producto en sí no está mal si se considera que el objetivo es hacer llegar los beneficios a más territorios y por tanto, redistribuir los costes. Pero también se puede ver desde la óptica de conseguir en general más beneficio. Particularmente, se me hace raro que le “den” los JJOO a Madrid y las subsedes estén en Gibraltar, Andorra o Lisboa. En este caso creo que la balanza se inclina de manera estrepitosa hacia el lado puramente económico dejando lo deportivo en un segundo plano.

Es muy importante tener en cuenta el papel que juegan las federaciones internacionales, así como la pirámide territorial descendente en la planificación y desarrollo de los JJOO. A estas entidades privadas, con funciones públicas, les interesa que se incluyan más modalidades deportivas para obtener mayor peso en la parte alta de la pirámide. Querría incluir un “agente” importante en esta reflexión: el aficionado. Con más modalidades deportivas (pensemos en deportes como el rugby o el surf) más aficionados que quieren tu producto, es decir aumentas la cuota de mercado. A más cuota de mercado, más entrada de dinero por la vía tradicional SSSL pero también por el modelo contemporáneo MCMMG. En definitiva más beneficios.

La sociedad actual ya tiene interiorizado que las decisiones de grandes eventos y elección de sedes están relacionadas con la economía y con la diplomacia. Por tanto, el interés deportivo pasa a un segundo plano. Desde el punto de vista del aficionado como grupo de interés es necesario mantener una imagen de adaptación constante al entorno y puede que sea lo que se intenta desde el COI, pero es necesario que las ideas y propuestas se confirmen con hechos.

 

Bibliografía:

COI. Agenda 2020. Recuperado de: https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=2&ved=0ahUKEwjKgtfP8JHQAhWDVRoKHbtjDd4QFggkMAE&url=http%3A%2F%2Fwww.estudiosolimpicos.es%2Findex.php%2Fcomponent%2Fphocadownload%2Fcategory%2F1-descargas%3Fdownload%3D12%3Ala-agenda-2020-el-exito-la-mejor-razon-para-el-cambio&usg=AFQjCNGOYRwpC_BcQYOYN8GEjP5Dp6CvwA&sig2=1bshHIGI2tWSaPnvQdXDmQ&cad=rja

  • Articulo al que se hace referencia en el texto:

Sánchez, P. (2015). Economía, política y algo de deporte: pongamos que hablo del COI.  Recuperado de: https://mbadeporte.wordpress.com/2015/01/23/economia-politica-y-algo-de-deporte-pongamos-que-hablo-del-coi/

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ECONOMIA, POLÍTICA Y ALGO DE DEPORTE: PONGAMOS QUE HABLO DEL COI

Autor: Patricio Sánchez  Fernández (SETrg; GEN; MBA Deporte – Universidade de Vigo)

Nada mejor pagenda_olympique2020enara aprender de economía y política y, de paso, algo de deporte que seguir al insigne Comité Olímpico Internacional (COI).  Su Agenda 2020 constituye el mejor ejemplo en este sentido y no deberían pasar desapercibidas buena parte de las medidas en ella recogida.

Lo primero que se me viene a la mente tras la lectura del documento es pensar que Madrid, en su fracasada aventura de candidatura olímpica, se anticipó al propio COI al poner sobre la mesa aspectos de economicidad (e incluso austeridad) que ahora se dejan ver por parte de los máximos responsables del Olimpismo mundial.

Así de manera explícita, la Agenda 2020 habla de abaratar los procesos de candidatura al tiempo que se ofrece una contribución financiera “significativa” del COI.  Dicho de otro modo, las candidaturas y todo el proceso que conllevan, tienen que ser más baratas.  En caso contrario, optar a ser sede olímpica se verá abocado a un derroche de recursos que dejará mal parada a buena parte de las postulantes e, incluso, a la ciudad que finalmente se lleve los Juegos (Atenas es un ejemplo que no queda muy lejos en el tiempo).

No obstante, y pese a ser una de las claras apuestas de la candidatura madrileña, que a nadie le quepa duda que éste fue uno de los puntos por los que no fue elegida, decantándose los ilustres olimpistas por la sugerente y exótica capital nipona. (Para una mayor profundización puede consultarse artículo sobre las causas de la no elección de Madrid escrito en DUVI).  En todo caso, la española será la única gran capital europea que no ha sido sede de los Juegos en sus más de cien años de historia y mucho temo que seguirá sin serlo por mucho tiempo por múltiples motivos, tanto económicos como políticos.

Tras esta reflexión, que no deja de tener su importancia, vayamos a ver como la economía y la política son los ejes fundamentales de todo el entramado olímpico.  Para ello basta con detenerse en dos de las medidas anunciadas en la Agenda.  La primera, es la referente a la eliminación del límite actual de los 28 deportes y la segunda, la posibilidad de que las subsedes olímpicas sean de países diferentes al organizador.  Sobre esta segunda, que nadie se despiste porque si bien es cierto que originariamente las sedes eran las ciudades, esto hace ya tiempo que dejó de serlo al tener una clara dimensión estatal.

Analicemos ambas propuestas, valorando qué es lo que prima en ellas, si el componente político-económico o bien el deportivo.  La apuesta por ampliar el número de deportes incluidos en la competición, trabajando solo con un límite de pruebas, podría entenderse como una vocación por dar cabida a nuevas modalidades deportivas fomentando, por tanto, los ideales olímpicos.  No me atrevo a decir de que no, pero no hace falta tener una mente muy perversa para contemplarlo de otra manera y verlo como una clara apuesta por cercenar el poder de las federaciones deportivas internacionales estableciendo unas reglas mucho más estrictas (y a veces discrecionales) para poder estar dentro del calendario olímpico.  ¿Deporte o política?

En el segundo de los casos ocurre algo parecido.  La idea de que más ciudades se puedan beneficiar de la experiencia olímpica es algo loable. La creación de las subsedes así lo ha demostrado y ha sido bueno tanto para estos propios lugares como para el propio desarrollo de los Juegos.  Sin embargo, permitiendo ahora subsedes de otros países, ¿no se está evidenciando de manera poco disimulada que los estados se le quedan pequeños al omnipotente COI y que sus necesidades de expansión van en aumento? ¿Fomento del deporte o necesidades recaudadoras?

En definitiva, estemos atentos a como se va desarrollando esta Agenda 2020 y con toda seguridad aprenderemos mucho de economía y entenderemos más de artes políticas al más alto nivel internacional.