DEPORTE Y GÉNERO: UN TÁNDEM POLÉMICO


Autor: María Pérez Álvarez

Uno de los temas que suscita una gran polémica y controversia desde hace años y que tristemente hoy en día sigue siendo una cuestión de debate profundo es la discriminación sexual en el ámbito deportivo. Sin ir más lejos, me atrevo a decir que el popular lema de lo que es el deporte en su máximo esplendor, los Juegos Olímpicos, todavía lo podría estar poniendo en evidencia con su lema “Citius, Altius, Fortius” (más rápido, más alto, más fuerte) considerando que estos tres adjetivos, por razones de naturaleza y condición humana, se ven por lo general potenciados en el caso masculino. Y digo “podría” porque no era ésta la intención inicial del mismo sino que, al parecer, de lo que se trataba era de transmitir la ya clásica idea de “lo importante es competir”… ¡que no quisiera yo molestar al difunto barón de Coubertin!

Ciertamente, si conocemos un poco la historia que subyace al genio del movimiento olímpico moderno, todo este asunto de  cierta “discriminación implícita” no debiera sorprendernos demasiado, es más, teniendo en cuenta el contexto histórico y cultural en el que surge, incluso tampoco parecernos totalmente incomprensible. El ideal griego era por entonces todo un referente así que el barón siempre mostró un fuerte desagrado ante la participación femenina en el deporte de alto nivel; el cual tuvo que dejar de asumir forzosamente en el año 1900 con las Olimpiadas de París, en las que por fin se dio luz verde a las mujeres en la competición de ciertas disciplinas. Fue entonces cuando el rol femenino, poco a poco, consiguió hacerse un hueco en el terreno de lo deportivo, a pesar de que los inicios fueran eso, tremendamente duros.

Por suerte gracias a la creciente evolución, a día de hoy podemos decir (¡bien alto!) que una de las labores del Comité Olímpico Internacional (COI), aquel que Coubertin fundó con tanto esfuerzo, es buscar la igualdad de género, concretamente “animar y apoyar la promoción de la mujer en el deporte a todos los niveles y en todas las estructuras, con vista a implementar el principio de igualdad entre hombres y mujeres” [1]. Un exitoso ejemplo de la puesta en marcha de esta tarea fueron los JJOO de Londres 2012, considerados por este motivo “los de las mujeres”. Atrás quedaban las prohibiciones femeninas en ciertos deportes como el boxeo y por primera vez  pudieron competir en todos los deportes del Programa Olímpico [2].

Hasta aquí todo parecía que marchaba bien, ¿verdad?. Se había avanzado positivamente en favor del papel de la mujer en la sociedad, y por extrapolación, en el deporte. Sin embargo, había cuestiones que todavía siguieron (y siguen) enturbiando los grandes avances en el ámbito del deporte femenino: el uso de cierta vestimenta en determinadas disciplinas, las brechas salariales, la más o menos cobertura de los medios de comunicación en las competiciones femeninas o los abusos sexuales, son sólo algunos ejemplos de problemas latentes y que en ciertas ocasiones parecen ser estratégicamente obviados.

Con estos motivos y por todo lo que seguimos viendo en la actualidad parece lógico que todavía surjan habitualmente preguntas del estilo: “¿es la práctica de ciertos deportes una cuestión de género?, ¿debe haber deportes sólo masculinos o sólo femeninos?, ¿es el sexo una variable trascendental para decidir quién puede competir y quién no?” y así sucesivamente. Pues bien, seguramente no haya una respuesta clara y ecuánime para este tipo de preguntas. Quizás en todo caso sólo para la segunda, pues sabemos que sí existen deportes más femeninos que otros hasta tal punto que la gimnasia rítmica y la natación sincronizada son exclusivamente para nosotras, pero… ¿es esto bueno o malo?, ¿acaso no es también un acto discriminatorio?. Nos vemos de nuevo en un gran dilema.

Por tanto, podemos concluir que a pesar de que los esfuerzos en esta “asignatura pendiente” han demostrado sus frutos, está claro que todavía queda mucho trabajo por hacer para que estas preguntas consigan ir difuminándose y su respuesta sea la que en mi opinión, debe ser común a todos los que de verdad amamos el deporte: el deporte no debe entender de  edad, sexo, raza o religión, sólo de autosuperación. Y por supuesto, este pensamiento debería mantenerse y ser fiel a cualquier escenario posible, desde el pabellón más humilde de cualquier parte del mundo hasta los exuberantes JJOO, a los que me refiero especialmente en este comentario.

A primera vista, superar ciertos estigmas sociales tan arraigados históricamente todavía parece un reto de futuro. Con todo, estaremos pendientes de lo que sucede de aquí en adelante, así como del firme compromiso del COI en materia de igualdad de género.

Fuentes:

http://www.estudiosolimpicos.es/index.php/olimpismo/aprendiendo-olimpismo/item/20-el-lema-olimpico

http://www.upo.es/revistas/index.php/materiales_historia_deporte/article/view/1217

http://blogs.as.com/deporte-vida/2013/01/empezar-el-a%C3%B1o-recordando-a-coubertin.html

http://www.olympic.org/Documents/Reference_documents_Factsheets/Women_in_Olympic_Movement.pdf  [1]

http://www.olympic.org/Documents/IOC_Interim_and_Final_Reports/IOC_Report_2009-2012_Interactive_ENG_Sept13.pdf [2]

http://deportes.elpais.com/deportes/2012/08/12/juegos_olimpicos/1344798890_583297.html

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Autor: MBA Deporte

MBA impartido en la Facultad de Ciencias Empresariales y Turismo del Campus de Ourense. Único programa oficial de posgrado sobre esta temática en Galicia y uno de los pocos en España. Incluído en el Top20 del Ranking Mundial de Masters en Sport Management elaborado por Sport Business International.

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